
—Leer. Leer mucho, todo lo que se pueda, y cada día. Leer el periódico diariamente para enterarse de por qué estamos en el mundo y qué está pasando en él. Si le quieres contar a alguien lo que estás viendo, porque me imagino que un periodista tiene curiosidad por lo que ve, y ganas de contarlo después. Ese es el verdadero legado del comunicador. Ahora el periodista tiene a su disposición todas las formas de contarlo, no solamente desde un periódico, sino también desde un móvil, desde donde puede enviar noti cias. Hay muchas maneras de contar lo que estás viendo, y para hacerlo tienes que tener una suerte de entrenamiento, como cuando quieres correr una maratón. Tienes que estar permanentemente atento a lo que está pasando y comparar las diferentes ideas, porq ue si no tienes el contexto, y no puedes discernir entre lo que quieres contar y cómo quieres contarlo. Se supone que los periodistas son seres que de alguna forma están imbuidos por una ciencia un poco más precisa y no tenemos emociones, cosa que no es real. Para evitar esas emociones, para evitar que te invadan y puedas tener un poco de conciencia de la realidad más allá de la tristeza, del enfado, de la ira, de lo que supone tener una emoción, estar al lado de un ideal, lo que sea, tienes que tener un poco de información tú mismo. Tienes que haber recabado primero la información para poder transmitirla.
—¿Y cuál diría que es el mayor obstáculo al que se enfrenta ahora mismo el periodismo?
—Reaprender a leer y escribir nos da una de las herramientas más fabulosas para poder hacer cualquier cosa en el mundo, desde interpretar a poder reinterpretar lo que estamos viendo. Saber si nos están engañando o no, si se nos está ocultando información… Vivimos en una época en la que estamos poniendo continuamente en duda la veracidad, aquella herramienta maravillosa de la que ya hablaba Aristóteles. Yo creo cada día de mi vida que sé lo que estoy viendo y que sé discernir, y que no me van a colar una noticia falsa, y, sin embargo, Trump está en el poder haciendo unas barbaridades que no tengo palabras, y la gente que le ha votado está en el mismo planeta que tú y que yo. El mismo planeta en el que decimos que la tierra es plana y cosas así, que no hay manera de quitar de la cabeza a la gente. En ese contexto, ¿cómo vas a contar una cosa y que te crean así, inicialmente? Pues es difícil. Vivimos en un mundo muy complicado para ser periodista…
—¿Diría que eso es lo que más ha cambiado con respecto a cuando usted empezó? ¿Esa duda que tenemos sobre lo que estamos viendo?
—Desde luego es una de ellas. Yo vengo de la conciencia humanista, de Petrarca y todo eso, y ahora estamos hablando de transhumanismo, posthumanismo, y de elementos tecnológicos que han cambiado completamente nuestra manera de estar en el mundo. Ya no son películas, forman parte de la vida real. Claro que ha cambiado. Fíjate desde los primeros magnetófonos que yo llevaba para hacer una entrevista o los primeros teléfonos móviles que eran un maletín y un auricular como el de casa. Claro que han cambiado mucho las cosas, y yo llevo en la radio casi cuarenta años, tampoco me parece muchísimo. Lo es y soy consciente, pero para mí se han pasado en un vuelo y tengo un montón de maravillas tecnológicas a mi disposición, que tienen, como todo, su lado bueno y su lado malo. El mejor ejemplo de esta tecnología es la Inteligencia Artificial, que se utiliza sobre todo mucho en el trabajo intelectual.
—¿Lo considera una herramienta o una amenaza?
—Depende de lo que haya detrás, como siempre, o si decides creer a ciegas lo que te dice la Inteligencia Artificial. He visto noticias de niños que se suicidan porque no tienen herramientas suficientes como para saber si aquello que les está diciendo la IA es real. No sabemos con certeza cuándo va a dejar de ser esa máquina torpe, que da información un poco agridulce, de la que no te puedes fiar. Es cierto que, por ejemplo, buscadores como Google ya están introducido en nuestro día a día, pero siempre teníamos la certeza de que nos iba a llevar a varios sitios y podríamos hacer una comprobación. Ahora nos estamos fiando de una Inteligencia Artificial que de momento no es nada inteligente.
—Otro de los avances también son los podcasts, que tienen mucha variedad… ¿Qué cree que puede suceder entonces con las radios, sobre todo con radios culturales como esta?
—De momento lo único que he podido comprobar es que la radio hace más falta que nunca. Que la gente la escuche o no es otra cosa que no tiene nada que ver con lo que yo he concebido siempre como radio pública. La radio pública es el corazón de una manera de estar en el mundo. ¿Qué es lo primero que ha atacado Trump? Los medios de comunicación. The Guardian está pidiendo financiación de sus lectores y usuarios porque aspiran a seguir siendo ajenos a los cambios gubernamentales y políticos. Para mí de momento los podcasts han sido una manera de refrescar la manera de llegar a la gente. Para mí es fundamental la comunicación. Todo cuanto sirva y contribuya a hablar con los demás de una forma rigurosa, leal a los parámetros que yo concibo como seres humanos me parece valioso. Cuando yo dirigí Radio 3, por ejemplo, me parecía fundamental tener claro que un medio de comunicación grande, que es público, que lo deberíamos defender todos, es el verdadero impulsor de las cosas buenas para una sociedad.
—¿Cómo cree que podemos poner esta labor, esa importancia, de manifiesto para que la gente se dé cuenta del impacto que tiene?
—¿Cuál es el mejor premio? Que veas a una persona informada después de haberte leído, de haberte leído, de haberte escuchado. Eso sí es un premio, pero es un premio que no tiene una correspondencia en medallas o en estatuillas o en nada por el estilo .
—Y como autora de novelas y poemarios, ¿qué cree que es lo mejor de combinar el periodismo con otras disciplinas? ¿Qué se lleva cada una de la otra?
—La creación no siempre viene por los canales que uno cree que tiene que seguir. Yo quería escribir, y bueno, escribo desde siempre, desde que era muy joven. Escribía obras de teatro, poemas y demás, y me puse a escribir una novela. Era imposible de escribir, con lo cual… acabé haciendo una novela secuencial, muy cortita, que entonces no era tan habitual. Y descubrí que no tenía tiempo de hacer lo que tenía que hacer en el curro y luego ponerme a escribir una novela de 600 páginas, ni de 300, ni de 150 si me apuras. Y acabé haciendo lo mismo, contar cosas, pero en reducido, porque la poesía me daba la posibilidad de volar y al mismo tiempo hacer el resto de mi vida. Encuentras esa manera de contar lo que tienes dentro.
Extracto de una entrevista realizada por Lucía Rosado. En la fotografía, con la autora, estudios de RNE, Prado del Rey.